Tras un par de temas interpretados por el trío, apareció en el escenario la cantante Shenel Johns (también el saxofonista) con una presencia arrolladora, transformando el concierto en una experiencia viva, mezclando improvisación, humor, espiritualidad y una gran interacción con el público. Tiene una capacidad infinita para pasar del susurro al góspel más energético, incorporando influencias de soul, reggae, música religiosa y, sobre todo, jazz con toda la naturalidad. En ningún momento tomó las riendas del concierto sino que “intentó” ser una más dentro del grupo, algo que para una lideresa como es ella es de apreciar.
Fred Nardin fue un acompañante de lujo, la crítica lo considera uno de los pianistas más refinados de su generación y así lo demostró al público santanderino. Tampoco eclipsó a su compañera sino que potenció su interpretación.
La comunicación entre ambos es espontánea, con muchos momentos de improvisación compartida, así como con sus compañeros Doug Weiis (contrabajo) y Willie Jones III (batería). Casares, invitado de lujo, supo amoldarse perfectamente al resto del grupo, recibiendo con sus “solos” los aplausos del respetable.
En una crítica del Correo Vasco el título hace honor a lo que sucedió en Escenario Santander, "Shenel Johns, una gamberrada bendecida en el Festival de Santander".
Dentro del repertorio alternaron estándares de Nina Simone y o Louis Armstrong, junto con momentos de improvisación e interacción con el público. La propuesta combinó tradición y una mirada contemporánea al jazz en una velada en la que disfrutamos de la música en directo con gran intensidad.















