jueves, 17 de septiembre de 2009

LAGO LEMÁN




El lago Lemán (mide 72 Km. de longitud y 12 de anchura) tiene forma de cruasán con las puntas hacía abajo. En su punta oriental se sitúa Montreaux y el Castillo de Chillón, y en la occidental, Ginebra. Personajes como Courbet, Kokoschka o Chaplin, vinieron, vieron y se quedaron. Lord Byron, escribió en sus paisajes sobre la historia de Francois Bonivart, poeta cautivo en una mazmorra del Chateau de Chillon bajo el nivel del agua.

Del lado francés se halla la localidad fortificada de Yvoire (pequeño pueblo medieval), llamada la Perla del Lemán y Évian-les-Bains (balneario y fuente de agua mineral). Precisamente, por recomendación de mi amiga Gianna, comimos “perca” con ensalada y patatas fritas en el restaurante más cercano al Lago, que estaba a diez escasos metros de nuestra mesa. Yvoire es un pueblo muy visitado, aunque, en el restaurante, al aire libre, no te enteras de tal aglomeración. Allí respiras tranquilidad y sosiego. Lo único que produce ruido son las olas que las embarcaciones producen al pasar cercanas a la orilla. A nuestro lado, en una mesa, se sentó a comer una pareja. No era una pareja normal. Se trataba de dos chicos de unos treinta años, uno de ellos ciego. Se notaba que eran pareja por la manera tan tierna de guiarlo. Estuvieron largo rato sin hablar, ya sentados, hasta que el chico ciego percibió el oleaje que acababa de formar el barco. Su pareja, le explicó la causa. En ese momento, atrapado por el comportamiento de ambos, agradecí poseer el sentido de la vista. Emprendí, entonces, una conversación con mi acompañante sobre la visión. Nos preguntábamos la diferencia que existe entre las personas que han conocido los colores, las formas, las texturas, a otras que ya han nacido ciegas y es imposible que puedan hacerse una idea de lo que se les explica. Al salir de Yvoire, una visión surrealista del todo se apoderó de nosotros. Un novio, la novia y todos los invitados, vestidos como para una película de Fellini, buscaban algo en el suelo. Estuvimos varios minutos disfrutando del espectáculo. Uno de los invitados se acercó a nosotros y nos pidió que diéramos la vuelta con el coche. La novia había perdido una importante “bijou” (joya) y podíamos pisarla al pasar.

En unos kilómetros estuvimos en Evian. Hay muy pocos lugares que aúnen lo refinado con un aire de balneario, donde el tiempo fluye imperceptible, como la brisa sobre el lago, y todo el mundo parece de buen humor. Es espectacular la visión que desde allí hay de Lausana. Sentados en un banco junto al lago, estuvimos escudriñando con los prismáticos. Está construida en la falda de la colina y sus calles se empinan como las de San Francisco. La arteria principal de la ciudad, su calle comercial, es tal y como esperas que sea una calle convencional francesa. Llena de comercios típicos, hoteles con encanto, visitantes sin prisa…

Dos sorpresas me deparó el viaje de vuelta al hotel. Al atardecer, encendido por el último sol, contemplé la estampa nevada del Mont Blanc. Fue un espectáculo indescriptible. Una vez en la habitación, una potente luz iluminaba el contraste de los Alpes. A los pocos minutos pude despejar la incógnita. Se trataba de luna llena, rezagada debido a la imponente altura de las montañas. La noche agonizaba plena de luz y de encanto.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

GINEBRA



En Suiza el verde se intensifica. Nada más entrar por la frontera un policía te coloca la “vignette”. Una pegatina para tu vehiculo que garantiza la utilización de las autopistas suizas por “apenas” 30 euros. Un impuesto del que no se salva nadie. Pronto, desde lo alto, se divisa la bella ciudad de Ginebra y el Lago Leman, el más grande de Europa. La visión de cuarenta o cincuenta coloridos globos aerostáticos, cerca de nosotros, es asombrosa. Nunca antes había visto tantos juntos. Aparcamos en un subterráneo a orillas del Ródano. Es el aparcamiento más caro que he utilizado. Tres francos la hora. Al cambio cuatro euros cincuenta. Una aproximación a lo caro que es Suiza. Cuando paseas por sus limpias calles y ves escaparates de los comercios más prestigiosos del mundo los precios no te llaman la atención. Crees que, por asociación, los números que indican los precios corresponden a euros. El problema es que están en francos suizos. Todo un cincuenta por ciento más caro que en Francia y algo más que ese porcentaje en España. Te das cuenta que te has convertido en pobre repentinamente, si es que no los has sido en alguna ocasión. El cambio del franco equivale a un euro cincuenta. Visitamos la catedral, la parte vieja, las calles comerciales y las dos márgenes del río cruzando sus largos puentes. A mediodía, tomamos un café con mi amiga Gianna, jefa de ventas de la marca Cartier. Junto a Cartier, en la misma calle, están todas las relojerías más famosas. Es sábado y todos los partidos políticos han sacado el chiringuito ofreciendo productos de la tierra por causas solidarias. Visitamos la caseta de un partido socialdemócrata y uno de sus afiliados nos preguntó en francés y luego en inglés, al advertir que no éramos suizos ni franceses, ¿cuál es tu sueño? Contestamos que no nos interesan los sueños de la política. Un grupo de jazz amenizaba la jaima y todos bebían vino, acompañado de un guiso de arroz, o café. Caminando por un jardín con una fuente preciosa me agacho para recoger una postal cuya fotografía contiene unos señores con trajes regionales que tocan uno de esos instrumentos de viento que se apoyan en el suelo debido a su gran tamaño. Me sorprendo al advertir que está escrita. Con seguridad alguien la ha perdido. Miro el remite y está dirigida a Baracaldo (Vizcaya). No puedo menos que leer el contenido. La persona que escribe se queja, ¡cómo no!, de los precios en tierras suizas y como anécdota dice que orinar cuesta cuatro euros. Guardo la postal en espera de poder echarla en un buzón. A escasos pasos, cosas del destino, utilizo una “toilette” sin coste alguno. Subiendo a la parte vieja, al lado de una escultura moderna muy bella, encuentro, por fin, un buzón de correos y deposito la postal dirigida a España. Ya casi creía una misión imposible encontrar un buzón y me había propuesto enviarla a su destino una vez en España. Cumplido el cometido, nos hicimos la foto de rigor en el geiser del lago que propulsa su chorro varios metros hacía arriba y nos internamos en el Lago Leman.

martes, 15 de septiembre de 2009

LAGO ANNECY


Lago Annecy. Paul Cezanne


Aunque el día estaba gris decidimos tomar un barco para visitar todo el Lago Annecy. Es famoso por ser uno de los lagos más limpios del mundo. Además es el segundo lago más grande de Francia, tras el Lago del Bourget. Es alimentado por varios ríos pequeños, nacidos en las montañas próximas (Ire, Eau Morte, Laudon, Bornette y Biolon), y por una potente fuente submarina, el Boubioz, que nace a 82 m de profundidad. Esta rodeado al Este por el Macizo de los Bornes y al Oeste por el Macizo de los Bauges, al Norte por la aglomeración de Annecy y al sur por un amplio valle. Su longitud es cercana a los 15 Km. y su ancho va desde los 800 hasta los 3.300 metros. Tardamos dos horas en recorrerlo y durante parte del trayecto llovió débilmente. No obstante, las vistas de los pueblos y de los macizos alpinos fueron impresionantes, de indiscutible belleza. El cuadro llamado “Lago Azul” de Paul Cézanne está inspirado en esas vistas. Me sorprendió la cantidad de mujeres solas que realizaron con nosotros la travesía.

Pasé dos periodos vacacionales en Bretaña y siempre que puedo como en un restaurante bretón. El problema es encontrar alguno que sea auténtico. Es decir, gestionado por bretones. Después de la “promenade” en barco nos dirigimos a uno que habíamos visto en Annecy. A pesar de acomodarnos en una de esas mesas que están literalmente pegadas a otras (los españoles no soportamos que alguien esté junto a nosotros comiendo y, por tanto, atentando contra nuestra intimidad. Lo llevamos fatal. Desgraciadamente, en casi toda Europa es así. ¡Qué le vamos a hacer!) la comida era realmente bretona. Se basa en una galette, una crépe, sidra y, si hay suerte, lait ribot . Tanto la galette como la crépe pueden ser frías o calientes, aunque se diferencian en que la crépe es dulce y la galette salada ( se utiliza para la masa harina de trigo sarraceno en lugar de la de trigo candeal)
. Recordé muchas comidas similares con mis amigos en Bretaña. Curiosamente hoy, ya hace varios días que estoy en España, he recibido un correo de Sebastien, uno de mis amigos bretones.

Tras la comida descansamos en el Centro Cultural de Annecy. En medio del hall hay sillones, a modo de tumbonas, que hacen el deleite de los siempre fatigados viajeros. Tiene wi-fi y aproveché para hacer una inscripción que vencía ese día. El Centro mezcla a viajeros y estudiantes. Estudiantes adolescentes, venidos de pueblos que rodean en lago, invaden todas las escaleras y aprovechan para comer. El ambiente allí siempre está asegurado.

La jornada, algo pasada por agua, acabó con visita a la playa y al Hotel Imperial, imponente construcción modernista de principios del siglo pasado. Muy distinto a mi hotel de Argonnay, donde pasaría mi última noche en los alrededores del Lago, rodeado de imponentes montañas y un verde espectacular.

domingo, 13 de septiembre de 2009

ANNECY. Haute Saboie






Al llegar a Saboya todo se convierte en bosque tupido, grandes cimas, ríos entre gargantas. Me recuerda a Cantabria. Desde la carretera se divisan los pre-Alpes produciéndome mucha emoción. Más adelante, en el departamento de la Alta Saboya, van apareciendo lagos y la cordillera alpina. En pocas horas hemos pasado de estar en llano y junto al mar a los altos picos montañosos. La temperatura también baja seis o siete grados. Una vez en Annecy, lo primero que hago es dirigirme al lago que lleva su nombre. El descubrimiento es impresionante, tranquilas aguas bajo la atenta mirada de los Alpes. Paseo junto al lago y me llaman la atención unas gaviotas mucho más pequeñas que las marinas. Mucho más estilizadas y refinadas que las que suelo observar en Santander o Peñíscola. Parecen menos carroñeras al alimentarse de pescado de un lago transparente y limpio. Percibo que la gente que pasea por los bordes del lago, mezcla de turistas y habitantes de la ciudad de Alta Saboya (saboyardos, no saboyanos como nosotros los llamamos) viste bien, se nota la elegancia en esa zona francesa tan estratégica, cerca de Suiza e Italia. Multitud de embarcaciones están atracadas a orillas del lago. Y, de repente, a mis espaldas, pasado el Ayuntamiento (La Marie) descubro el esplendor de una ciudad medieval bajo la falda del castillo (en manos privadas) repleta de canales que la convierten, según he leído, en la Venecia francesa. Quedo cautivado por tanta belleza y empiezo a hacer fotos hasta entrada la noche. Hay rincones que permanecerán siempre en mi retina y, otros muchos, que capturo para disfrutarlos cuando ya esté lejos y que ahora quiero compartir con ustedes en mi humilde blog.

ÁRBOLES DE NIMES



En Nimes me llamaron la atención dos cosas. Ambas relacionadas con los árboles. Había un parque en obras y todos los árboles estaban preservados con maderas para que no sufrieran golpes por parte de las máquinas. Recordé, entonces, la apasionada lucha en el madrileño Paseo del Pardo por parte de Tita Cervera hacía los árboles que el Ayuntamiento quería talar. Sin embargo aquí, en una ciudad del sur francés, no sólo los cuidan para que no sufran daños sino qué, fijándome bien, todos están numerados como si fueran un artículo único. Me fascinó el trato hacía la naturaleza. A mi vuelta en un paseo por Nimes pude comprobar, además, que servían como lugar de exposición de escritos de sus habitantes. Uno de ellos, exhibía una poesía colocada cuidadosamente en un pliego sujeto por dos chinchetas del mismo color. Unos metros más adelante, otro árbol contenía un segundo texto. Nunca lo había visto antes y me pareció un recurso impecable para dar a conocer la obra de incipientes escritores.
Estos eran los textos:

Vos omoplates se déboitent,
O mes amourrs !
Une étoile á vos reins qui boitent
Tournez vos tours.
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AGE D´OR
Un besu matin, chez un peuple fort deux un home et une femme superbes criaent sur la place publique : « Mes amis je veux qu´elle soit reine ! » « Je veux ètre reine ! » Elle riait et temblait. Il parlait auxamis de révelation, d´epreuve terminée. Ils se pámaient l´un contre l´autre.

En effet, ils furent reis toute une matinée, oú les tentures carminées se relevérent sur les maisons, et toute l´après midi, oú ils sávancérent du cóte des jardins de palmes.

sábado, 12 de septiembre de 2009

BRIN DU SUD





Un día caluroso nos recibe en Nimes, la ciudad francesa con más sabor español. Visité Nimes hace algunos años, desde la vecina Arles, en un viaje a la Cote Azur. Entonces, desde allí, me desplacé al majestuoso Pont du Gard, que da nombre al departamento, y a la bella Avignon. Recordaba “Les arénes”, la Maison Carrée –un elegante templo romano del siglo II d. C. con finas columnas corintias y un friso esculpido- y un intrincado laberinto de calles peatonales con tascas, restaurantes, terrazas bien dispuestas y multitud de comercios de moda. Sin embargo ahora, con más tiempo disponible, intento escudriñarla más intensamente. Aparco el coche junto al jardín de la Fontaine. El jardín contiene un manantial que los romanos llamaron Nemausus, en honor a su dios de los ríos. No tiene césped y su suelo de grava no me parece el más adecuado con tanto ornamento y terrazas de piedra alrededor. En lo alto hay una torre octogonal que formaba parte de la ciudad amurallada. Bajo los grandes árboles y los bancos, varios visitantes se resguardan del potente sol. Capturo algunas fotos de los estanques y luego nos dejamos llevar por un canal que conduce al centro. Se agradece que esté arbolado. Uno de los árboles me llama la atención. Está cortado por sus ramas más anchas simulando las piernas de una mujer. Se trata de una obra de arte. Busco el reflejo en el otro margen pero es infructuoso. El agua verdosa tiene una capa superficial que hace que no produzca reflejos. Una lástima.
En Turismo pedí información sobre las Gorges de l´Ardeche pero se alejaba un poco de nuestra ruta hacia los Alpes. Tras un recorrido por los monumentos puntuales de Nimes (incluyendo la Plaza de Toros y la Maison Carrée) enseguida se detecta la falta de zonas de verdes en la ciudad. Atravesando una plaza con varias esculturas y un hotel modernista, con cafetín repleto de afiches taurinos, comenzó a llover con muy poca intensidad. Era el momento de volver al hotel. Había sido una jornada muy tranquila disfrutando del “brin du sud” de una ciudad relajante y muy asequible.

viernes, 11 de septiembre de 2009

DEL RÓDANO AL EBRO


Dejé las proximidades del nacimiento del Rhône (Ródano) para llegar, tras diez duras horas y cerca de mil kilómetros de aburrida carretera, un poquito más allá de la desembocadura del Ebro. De un mar de asfalto pasé a un Mediterráneo placido e inmenso. Mi amigo Pep estaba navegando en su catamarán. Había llegado a casa. Fatigado y algo nostálgico de haber abandonado Suiza y mi siempre querida Francia, aunque alegre por retornar a mi país después de diez largos días plagados de belleza, anécdotas y nuevas experiencias. Aprovecharé para descansar de tan intensas jornadas junto a, mi también amado, mar.

MI COLECCIÓN DE VINILOS. 3- VAYA CON DIOS- "Night Owls"

  VAYA CON DIOS- "Night Owls"       Género- Pop, Jazz, Soul       Sello- Ariola Records       País- España       Publicado- Abril ...