lunes, 2 de noviembre de 2026

CRUCERO POR EL RIN. 3


TERCER DÍA. 2 DE NOVIEMBRE DE 2026

 Enkhuizen · Róterdam

La jornada comienza en Enkhuizen, una pequeña ciudad holandesa situada a orillas del IJsselmeer, el gran lago interior de los Países Bajos. Una localidad que parece haberse quedado suspendida en otra época, con un pasado estrechamente ligado al mar, la navegación, el comercio y la pesca. Pero antes de adentrarme en su historia, hay algo que merece un pequeño paréntesis personal.

Resulta curioso que, siendo santanderino, habiendo hecho la mili en la Marina Española y viajado por distintos países a bordo de barcos, nunca hasta ahora hubiese dormido en uno de ellos. Y tengo que reconocer que la experiencia está siendo francamente gratificante.

La navegación nocturna nos privó de contemplar el paisaje, pero ahora, con la luz del día, todo cambia. Cómodamente instalado, todavía embutido en mi pijama (siesta) y con un whisky en la mano, me dedico a observar el horizonte, las aves que sobrevuelan el lago y los enormes diques por los que avanza nuestra embarcación. Una estampa tranquila, casi hipnótica, que invita a dejar pasar el tiempo sin demasiadas prisas. Quizá sea uno de esos pequeños placeres que hacen especiales los viajes.

Enkhuizen, historia de una ciudad marinera

Durante el siglo XVII, Enkhuizen llegó a ser una de las ciudades marítimas más importantes de Holanda. Su flota pesquera y su intensa actividad comercial la convirtieron en un próspero enclave. En 1622 alcanzó aproximadamente los 22.000 habitantes, una población incluso superior a la actual, que ronda los 18.000.

Su importancia fue tal que la poderosa VOC, la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, estableció aquí una de sus seis sedes comerciales. Desde Enkhuizen se organizaban expediciones hacia Asia, de donde llegaban mercancías tan apreciadas como la pimienta, la canela y otras especias que alimentaban el comercio europeo.

Otro de sus grandes motores económicos fue la pesca del arenque. Durante siglos, sus pescadores capturaron, salaron y conservaron este pescado para abastecer mercados de distintos lugares de Europa. De aquella prosperidad todavía quedan huellas en los antiguos almacenes, saladeros y edificios del puerto.

Sin embargo, la historia de la ciudad experimentó un cambio decisivo en 1932, cuando se terminó el gran dique Afsluitdijk, que cerró el antiguo Zuiderzee y lo convirtió progresivamente en el actual IJsselmeer, un enorme lago de agua dulce. Lo que había sido un mar abierto pasó a convertirse en un lago interior, transformando para siempre la pesca y la vida de las poblaciones de sus orillas.

Durante nuestro recorrido visitamos también la antigua prisión municipal, construida en 1612. Tras sus gruesas puertas de roble y sus rejas de hierro se conservan pequeñas celdas que nos permiten imaginar las duras condiciones de vida de quienes estuvieron allí encerrados hace más de cuatro siglos. Un rincón inquietante que contrasta con la belleza y tranquilidad de las calles que lo rodean.

La visita termina con un café en el centro histórico, entre fachadas tradicionales, canales y edificios que recuerdan el esplendor comercial de otros tiempos. Enkhuizen es, en definitiva, una de esas ciudades que no necesitan grandes monumentos para cautivar: basta pasear por sus calles para comprender que su historia sigue muy presente.

A las 13:00 regresamos al barco para comer y, a las 13:05, ponemos rumbo a Róterdam.

Dejamos atrás Enkhuizen mientras el IJsselmeer se abre ante nosotros. Continúa la navegación, y yo sigo disfrutando de esta nueva experiencia, descubriendo que viajar por tierra tiene sus encantos, pero hacerlo por agua ofrece otra manera de mirar el mundo: más pausada, más contemplativa y, quizá, un poco más romántica.

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