“La vida te da sorpresas, sorpresas de ta da la vida”. Ese famoso estribillo es parte del clásico "Pedro Navaja", compuesto por Rubén Blades. Es la icónica historia del matón de esquina que termina enfrentando su propio destino de la forma más inesperada. Nos recuerda que el destino es impredecible, que nadie tiene el control absoluto y que la vida puede cambiar de rumbo en un segundo, tal como les ocurrió a Pedro Navaja y a la mujer de la historia en esa esquina del viejo Nueva York. Pedro ve a la mujer sola, decide asaltarla y la apuñala por la espalda. Al caer herida, la mujer saca su revólver y le dispara a Pedro simultáneamente. Ambos caen heridos de muerte en la acera desierta…
La noche anterior, unos familiares y yo estuvimos viendo la final del Mundial de fútbol, tomamos un gin tonic y, como es habitual, hicimos muchas risas. A la mañana siguiente, uno de esos familiares tuvo que ser ingresado en el hospital debido a una afección inflamatoria crónica del tubo digestivo, tiene la enfermedad de Crohn. Pasó todo el día con muchos dolores debido a la inflación. La noche también fue toledana. En pocas horas pasamos de las risas al abatimiento. Prácticamente no he dormido pensando en lo mal que lo estaría pasando mi familiar y su mujer, que le acompaña noche y día. Por suerte, he recibido buenas noticias hace unas horas, se encuentra algo mejor. Su preocupación es que procedan a intubarlo o, incluso, a que pueda someterse a una operación quirúrgica, que le asusta especialmente, ya que en otra ocasión se la practicaron y estuvo a punto de morir.
Las sorpresas de la vida son aquellos giros inesperados que rompen la rutina, transforman planes y alteran nuestra disonancia cognitiva al fracturar lo que esperábamos con la realidad. Soy de los que constantemente digo que hay que celebrarlo todo y vivir el día a día de la mejor manera posible, en cualquier momento puede llegar la adversidad y destrozar cualquiera de nuestros planes.

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