Nos dirigimos al Embarcadero Real, situado en el extremo sudeste de la península. Este histórico muelle de piedra fue construido a principios del siglo XX para que el rey Alfonso XIII pudiera desembarcar directamente desde el yate real hacia su residencia de verano. Allí siempre hay muchachos que se tiran de cabeza al agua. Luego, mi cuñado y yo nos dimos un chapuzón en la playa de los Bikinis. El día estaba algo gris, pero hacia bochorno, no había mucha gente en la playa, tan solo un grupo de niños británicos y ogro grupo de argentinos. El agua estaba transparente y a unos 22 grados, así que disfrutamos del baño.
Posteriormente, ya secos y vestidos "de paisano" caminamos por la cuesta que accede al Palacio para contemplar la isla de Mouro, el faro y la silueta de playas y acantilados con vistas al cabo de Ajo. Una vez en el Palacio pudimos distraernos con la esculturas de Manolo Valdés y el hinchable de Okuda. Buscamos la salida tras visitar las carabelas de Vital Alsar, tres réplicas de barcos utilizadas en expediciones marítimas históricas. Este espacio al aire libre, integrado en el museo El Hombre y la Mar, también exhibe una balsa de madera utilizada en sus viajes. Después, una parada para contemplar los leones marinos y los pingüinos en un recinto poco apropiado para ellos y con apariencia de abandonado, igual que las carabelas, lástima.
Terminamos el paseo en la playa de la Magdalena saludando en el Balneario a nuestro amigos Fermín y cía. que alquilan embarcaciones ligeras de recreo directamente en la playa, como pedalinas (hidropedales), piraguas y tablas de paddle surf, también dan cursos relacionados con todo lo concerniente al mar.

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