sábado, 31 de octubre de 2026

CRUCERO POR EL RIN. 1

 


PRIMER DÍA · 31 DE OCTUBRE DE 2026

Ámsterdam: primera toma de contacto con los Países Bajos

La jornada comenzó temprano. A las 7:45 h salíamos de Zamora rumbo al aeropuerto de Valladolid-Villanubla, adonde llegamos a las 9:00 h. Dos horas después, a las 11:00 h, despegábamos hacia Ámsterdam en un vuelo chárter de Enter Air. Aterrizamos a las 13:10 h en la capital neerlandesa y, tras recoger el equipaje, nos trasladaron al barco Rhine Melody, que será nuestro alojamiento durante los próximos días.

Una vez a bordo, asistimos a la recepción y a la presentación del barco, antes de disfrutar del cóctel y de la cena de bienvenida. Sin embargo, Ámsterdam nos esperaba al otro lado de la pasarela y no quisimos dejar pasar la oportunidad de reencontrarnos con ella en nuestro primer paseo nocturno. Regresábamos después de veinte años y, para nuestra sorpresa, la encontramos poco cambiada.

Ámsterdam es una ciudad en constante movimiento, viva a cualquier hora. Las bicicletas son sus auténticas protagonistas: jóvenes y mayores circulan por todas partes con una naturalidad que sorprende al visitante. En sus calles se respira una especie de desorden organizado, donde bicicletas, peatones, tranvías y vehículos comparten el espacio con una coordinación que parece espontánea, aunque todos saben perfectamente por dónde deben ir.

También llaman la atención sus semáforos, acompañados por unos sonidos que recuerdan al crotoreo de las cigüeñas, esas aves que, según la expresión tradicional, parecen estar «machacando el ajo». Es un detalle curioso que se suma a la personalidad sonora de la ciudad.

La iluminación nocturna, reflejada en las aguas de los canales, contribuye a crear una atmósfera especial. Por ellos, el tráfico de embarcaciones continúa incluso entrada la noche, mientras las luces dibujan destellos sobre el agua y acompañan nuestro paseo.

La ciudad tiene, además, sus propias normas: existen restricciones para beber alcohol en la vía pública y también para los grupos numerosos de turistas. Son medidas destinadas a preservar la convivencia y a evitar que el turismo termine adueñándose de sus calles.

Y, como estamos a las puertas de noviembre, empiezan a aparecer las primeras luces navideñas, que añaden un toque de magia a este reencuentro con Ámsterdam.

Recorrimos el entorno de los canales y llegamos hasta la impresionante Estación Central, uno de los grandes puntos de referencia de la ciudad. Poco a poco, la noche fue envolviendo sus fachadas, sus puentes y sus calles, mientras nosotros recuperábamos sensaciones de aquel viaje de hacía veinte años.

Así terminaba nuestro primer día: una jornada intensa de desplazamientos, reencuentros y primeras impresiones. El crucero todavía no había comenzado a navegar, pero Ámsterdam ya nos había regalado una buena dosis de sensaciones.


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