domingo, 5 de febrero de 2023

FESTIVAL DE EUROVISIÓN, IMAGEN DE LA EUROPA HORTERA




'Benidorm Fest' es un festival musical organizado por RTVE, con el dinero de todos, para la elección del artista y la canción que representará a nuestro país en ese festival tan friki que se llama Eurovisión. Tras varias semanas de “brasa” con lo más selecto de la chabacanería musical elegida por un jurado, que al parecer conoce a fondo lo más profundo de la radio-fórmula y de disfraces estrafalarios de poco glamour, donde abundan los cueros, las cadenas, las bragas altas (“culeros” diría mi abuela), horteras vestidos atigrados, lentejuelas y escotes caídos, por fin tenemos vencedora, se llama Blanca Paloma e interpreta una canción del tipo a las que se escuchaban en España en la Guerra civil. Tanto tinglado, tanto gasto, tanta hipocresía, para retornar musicalmente al siglo pasado. El título de la canción es tan vulgar como su contenido, “Eaea” y, al parecer, siempre según la artista, contiene un recado o mensaje oculto: "Es una historia de amor que va más allá de la muerte".
No me cabe duda de que la muerte de la canción llegará cuando se presente en Liverpool y luche por los últimos puestos.
¡País!

lunes, 30 de enero de 2023

MARÍA "LA ESPAÑOLA", UNA INDIGENTE CUALQUIERA

 

Foto: C.R. (Público)



Me ha conmovido una historia que acabo de leer sobre María “la española”. Entrañablemente va unida a uno de mis músicos favoritos, Keith Jarrett. Un día del verano pasado María se estableció en el barrio londinense de Camden, famoso por su mercado, un laberinto de tiendas de moda y curiosidades junto a Regent's Canal y refugio de la contracultura europea. Cuando lo visité, hace unos años, comprobé la existencia de cantidad de clubes alternativos con música en directo, por allí han pasado grandes grupos como Blur, Coldplay, The Killers, Arctic Monkeys,The Cardigans. Sin embargo, María no tiene nada que ver con la música, ella era indigente. Se estableció en la calle principal de Kentish Town colocando sus pertenencias, unas bolsas de plástico llenas de ropa y un colchón usado,  contra la pared de la obsoleta oficina de Barclay's Bank, de puertas cerradas. Pasado el tiempo se hizo conocida en el lugar e incluso algunas dependientas le permitían asearse en las dependencias de sus establecimientos, era famosa por su limpieza a pesar de vivir en esas condiciones y le llamaban “la española” (aunque parece ser que era boliviana y su nombre real era Lidia Venegas). En varias ocasiones organizaciones benéficas para los “sin techo” le ofrecieron ayuda, pero siempre las denegó, desconfiando de la oficialidad de la vida cotidiana. Ella sobrevivía día a día y evitaba muchedumbres.  


Llegó el otoño y con él el frío. Lidia, o María, se proveyó de algunas placas de polietileno para aislar su colchón del suelo y así protegerse del intenso frío, pero un día llegaron varios albañiles y le anunciaron que comenzaban la reconversión del local en una clínica dental. Lidia trasladó entonces su casa de polietileno a otra esquina cercana en Islip Street. Una vecina le ofreció trabajo para limpiar su casa y una peluquera le lavaba y arreglaba el cabello cuando lo necesitaba, todos los que le conocían decían que era muy cariñosa y agradecía lo que le daban para sobrevivir, no quería hablar de albergues, había decidido vivir en la calle por su espíritu de independencia. 


Tras una década viviendo en esas condiciones llegó la Navidad y con ella la nieve y temperaturas bajo cero. Los vecinos que estaban pendientes de ella se dieron cuenta que tosía con mucha frecuencia. El día 23 de diciembre el Ayuntamiento recibió por una llamaba sobre la posible infección de pecho de Lidia. El 3 de enero cuando los vecinos se daban el Happy New Year no respondió a quienes le ofrecían alimentos.  

El periódico Camden New Journal y el párroco de la iglesia Saint Michael organizaron un funeral para el 19 de enero, sin ataúd ni urna ni foto. En la redacción se recibieron numerosas llamadas preguntando por ella, varios ramos de flores fueron depositados donde se abrirá la clínica dental. Acudió un centenar de personas, el barrio se conmovió. Quienes hablaron de Lidia, lo hicieron con sincero respeto. El organista provocó más de una lágrima con sus composiciones, música de contrastes, como el “Concierto en Colonia” (The Köln Concert), de Keith Jarrett. 


María “la española” o Lidia “la boliviana”, qué más da, padeció el frío de la calle, se fue con el calor de las velas, la música de Keith Jarrett y la despedida de un centenar de personas que se congregaron  para no dejarla sola. Descanse en paz. 

lunes, 21 de noviembre de 2022

JESPER LINDELL, directo en Little Bobby (Santander)



Jesper Lindell es una de esas personas que dan ejemplo cuando todo se pone boca abajo y no queda más remedio que abrirse paso como sea. Se dedicó a la música gracias a su hermano mayor que, a los trece años de Jesper, le enseñó los primeros acordes en la guitarra al verlo tan hundido, se dedicaba al fútbol y era toda una promesa nacional en Suecia pero sufrió una gravísima lesión que le tuvo varios meses confinado en una silla de ruedas.  En 2019 publicó un primer LP, Everyday dreams, muy alabado en Suecia. Incluso se le vio en los conciertos de homenaje a Leonard Cohen. Cuando se disponía a realizar la gira de presentación del disco tuvo que pasar con urgencia por el quirófano. Se le descubrió una grave enfermedad congénita renal que hizo urgente el trasplante, siendo su propio padre quien terminó donando el órgano para que pudiera sobrevivir. En su último y talentoso disco Twilight, y en la gira 2022 por España, añadió el tema “Christmas Card”, dedicado a su padre en ese “crepúsculo”, lleno de luz, que son sus actuaciones en directo.


La nota de prensa, relativa a su gira por España, dice lo siguiente: «Pocos artistas han resucitado con más clase el espíritu de The Band (colaboración de la hija de Levon Helm incluida, por desgracia no estuvo en el concierto de Santander) que el sueco Jesper Lindell. Junto a su banda, en la que milita el bajista Kristoffer Schander de Blues Pills ofrecerán once conciertos rebosantes de blue-eyed soul, country-folk y rock clásico con sabor a los 70, guiños a Van Morrison y Neil Young, y un cancionero de raíces cargadas de alma».


Jesper Lindell merece el éxito, su fortaleza ante la vida, su voz rasposa y modulada, un grupo compacto y profesional, y una acústica impecable no son para menos. Aquel chico que comenzó a tocar la guitarra de la mano de su hermano en un pueblecito sueco llamado Ludvika es ahora un gran músico que nos hace vibrar con sus composiciones. Anoche lo pude comprobar con un directo fantástico. Jesper, te deseo lo mejor y que te veamos pronto por estos lares, aunque tengamos que conseguir de nuevo la consigna para entrar en ese inigualable  y exclusivo local que es Little Bobby.


jueves, 5 de mayo de 2022

SUMERGIRSE BAJO LA PIEL DEL OCÉANO



Foto: Centro Botín, Santander

He estado visitando las últimas exposiciones del Centro Botín. Ciertamente no me atraían demasiado, pero el arte, cualquier tipo de disciplina, hay que valorarlo personalmente para luego tener una opinión precisa y particular. Una de las salas recoge la primera exposición en España de la norteamericana Ellen Gallagher with Edgar Cleijne: A law… a blueprint… a scale  incluyendo pinturas, obras sobre papel y tres instalaciones fílmicas creadas en colaboración con el artista neerlandés Edgar Cleijne.  Según recoge la web del Centro Botín “la exposición invita al visitante a sumergirse bajo la piel del océano en un recorrido inmersivo que explora cuestiones sobre la raza, la identidad y la transformación a través de temas como la abstracción modernista y la biología marina”. Otra sala recoge “Itinerarios” que es una exposición anual que muestra los trabajos de los ocho artistas que fueron seleccionados en la última convocatoria de Becas de Artes Plásticas de la Fundación Botín. Las piezas expuestas generan sutiles vínculos sensibles entre ellas, fracturando formal y conceptualmente esta ilusión de independencia que está erosionando nuestros hábitats, vitalidad e imaginación.

Desde mi humilde punto de vista totalmente prescindible. Visitándola me cruzaba a menudo con dos parejas que me miraban sorprendidos y yo les devolvía la mirada cómplice de tanta conceptualidad disuasoria e instalaciones incomprendidas. En un momento dado, al salir de una sala las dos parejas, y yo disponerme a entrar, uno de ellos me dijo” “te va a encantar la sala”. Una vez dentro, la instalación recordaba a varias lámparas y apliques encendidos. Horror!!! Cuando tuve la oportunidad de hablar con ellos coincidimos en el poco gusto expositivo en un lugar con tanta repercusión. Recordamos cuando una empleada de la limpieza tiró por error una bolsa de basura que formaba parte de una exposición de arte moderno presentada en el Tate Britain de Londres.  La obra de arte fue recuperada  en el contenedor de basuras del museo cuando el conservador se dio cuenta de su desaparición.
La obra-bolsa de basura fue realizada por el artista alemán Gustav Metzger en 1960 y titulada sobriamente 'Nueva creación de la presentación pública de un arte autodestructivo'. Colocada sobre una mesa con residuos diversos, la bolsa contenía pedazos de cartón y periódicos viejos. El artista británico Damien Hirst también sufrió una desventura similar, cuando una de sus composiciones, un cenicero lleno de colillas y de paquetes de cigarrillos vacíos, fue arrojada a la basura por una empleada de la limpieza. 
En el Centro Botín, por suerte, todavía no ha habido ningún infortunio pero no me extrañaría que pasara con tanto contenido conceptual y vanguardista de tan dudoso gusto, pero para gustos los colores.

miércoles, 20 de abril de 2022

NOS SENTIMOS VULNERABLES




Estoy leyendo un libro sobre la Segunda Guerra mundial y todas las consecuencias que vivió la población durante esa pesadilla. Y, claro, no dejó de pensar en las penalidades y atrocidades que está viviendo la población ucraniana atacada constantemente por la artillería rusa. Volvemos a la esencia de la brutalidad del género humano que, anteriormente, marcaron Hitler o Stalin y ahora copia Putin, todo por un afán  de seres narcisistas que ansían el poder personal por encima de los intereses de los habitantes de su país. Por desgracia, la guerra degenera a las personas y los hace más herméticos y egoístas, todo ello marcado por el sentido estricto de la supervivencia más radical. En esos casos tan extremos nos sentimos vulnerables. La historia de la humanidad siempre ha estado marcada por esos episodios violentos. El problema es que siempre paga las consecuencias la población civil, que poco o nada suele tener que ver con el conflicto. En las guerras, siempre me preocupan los niños, esos seres indefensos víctimas de conflictos armados. Ellos son demasiado jóvenes para discernir lo que está pasando y no pueden defenderse ante el peligro, están expuestos a problemas emocionales difíciles de cicatrizar y, todo eso, tiene importantes repercusiones en su vida futura. Además de los niños, las mujeres suelen ser víctimas de torturas, desapariciones, violencia sexual. La violación es una forma de tortura en las guerras. En el libro que comentaba al principio dan suficientes datos de esas violaciones constantes por parte de los invasores, los datos son aterradores, los soldados se muestran como fieras salvajes que actúan de manera irracional donde las mujeres de sus enemigos son valoradas  como importantes trofeos de guerra.

No puedo ser optimista con los datos que se manejan sobre esta guerra liderada por un déspota con un botón nuclear que nos mantiene traumatizados por el espanto de una posible guerra mundial, sin embargo, pienso que Rusia está abocada al desastre, los datos de otras guerras siempre han destruido a los dictadores, Stalin, “el hombre de acero” sufrió una hemorragia cerebral y durante varias horas no recibió asistencia médica y Hitler, se suicidó con un disparo de arma de fuego en la cabeza. Esperemos que al nuevo dictador Putin le creen los suficientes problemas internos como para derrocarlo. No será fácil pero debemos creer en el sentido común y librarnos de este asesino, nos va la vida en ello.

domingo, 17 de abril de 2022

NOS HAN ROBADO EL OPTIMISMO


Kiev. Foto: Eldiario.es

 

Esta mañana, cuando he ido a comprar el periódico, he rememorado aquellos domingos de hace ya dos años. Entonces, tras comprar el periódico, daba una vuelta a la manzana para pasear cerca de dos kilómetros siempre próximo a mi hogar. Eso no estaba permitido debido al confinamiento pero siempre buscaba lugares que podían ser cómplices si la policía me pedía explicaciones. Paseaba cerca de establecimientos en los que vendían pan o prensa diaria. Hoy lo he vuelto a hacer, ya sin restricciones, y con la mascarilla anudada a mi codo derecho, y he comprobado que en mi corto recorrido poco han cambiado las cosas en estos últimos veinticuatro meses. Las mismas calles, las mismas ventanas, aunque ya han desaparecido los carteles con frases optimistas que se divisaban desde la acera, los vecinos paseando a sus mascotas y la odiosa música, con canciones alegres y ruidosas, que procedía de un ático para intentar levantar el ánimo a los escondidos habitantes de una ciudad extraña. 

 

Dos años más tarde el virus sigue entre nosotros y, además, nos han “colocado” una guerra destructora e inhumana, los precios han subido un diez por ciento mientras que los sueldos siguen congelados y los ánimos siguen por los suelos. Menudo futuro vamos a dejar a las generaciones venideras. 

 

Llegando a casa, al igual que hago siempre, ya había leído la columna de Manuel Vicent, es lo primero que leo los domingos, escribía sobre algunas razones para seguir viviendo y me vino al pelo debido a los pensamientos que me acompañaron en ese efímero paseo. Decía que la vida era un juego al que había sido invitado y en el que el sol salía todos los días, que el viento llevaba las semillas de un sitio a otro y que los árboles y las plantas crecían para gloria de pájaros e insectos, mientras el mar echaba los dados de este juego con cada oleaje de modo que el tiempo se iba y volvía. He de decir que me animó leer sus enseñanzas filosóficas y, una vez colocada la mascarilla en la cara para entrar en mi edificio pensé en el mar que, por suerte, me acompaña ahora con más asiduidad que nunca y en la belleza del campo en esta incipiente primavera. Pensar en ello no me hace más optimista pero me alegra la vista y el espíritu. Mientras tanto muchas personas, que tienen poco que ver con la crueldad de la guerra, viven con terror e incluso mueren  debido a la tiranía de un sociópata nihilista . Entre unos y otros nos han robado el optimismo.

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