sábado, 18 de septiembre de 2010

DESPEDIDAS


El mar (siempre el mar) permanece alborotado desafiando, con fuerte oleaje, lo que será el último día de verano, el último día de mis vacaciones. Último día de tantas cosas. Está convulsionado y lo hace a posta. Sabe qué, nuevamente, nos despedimos por unas semanas. Mi mar siempre ha permanecido agitado y él lo sabe. Quiere, por tanto, llamar mi atención para intentar que sea también un poco mío. Y, después de tanto tiempo, lo ha conseguido. Me ha ganado. También es “mi Mediterráneo”, mi otro mar. Sabe que con sus metódicos compases me recuerda a mi verdadero mar, al inigualable Cantábrico, tan mozarrón, tan masculino. El Mediterráneo es más femenino, más sutil, más uniforme. Aunque hoy se muestra varonil y le va bien.
Estoy triste en la despedida. Triste de abandonar un tiempo pasado que no volverá. Días felices, días tranquilos, jornadas sin horarios ni honorarios (ni falta que hace). Suena Cohen, aunque suena sin escucharse por ese terrible murmullo precipitado del mar al frente.
Dentro de pocas horas, con “nuestro mar” de decorado esencial, me despediré, en una gran mesa, de mis amigos. Un arroz caldoso con bogavante será la estrategia para reunirme con ellos. Nos juntaremos en esta tierra por donde han pasado griegos, fenicios y romanos, personas de varias nacionalidades para dar garantía que la amistad no tiene fronteras. Tres españoles, dos suizos, una italiana, una filipina y un pakistaní, intentaremos pasar un momento inolvidable. En esa espera de la última comida he querido escribir lo que siento para no olvidar que, a ese otro lado de la pantalla, también tengo el privilegio de tener a otros amigos que escriben pequeñas historias que hacen que me sienta feliz. Espero que el otoño sea satisfactorio para tod@s. Gracias por estar al otro lado, tan cerca.

martes, 14 de septiembre de 2010

ONZE DE SETEMBRE


Estamos a 11, Díada de Cataluña, y a pesar de seguir de vacaciones estoy enfermo desde el pasado día 1. Mala suerte. Me resfrié, posiblemente en Mandarina a consecuencia del aire acondicionado, o tal vez en mi visita al Castillo, en bici, a la inauguración de la exposición fotográfica de mi amigo José Ramón Miguel. El caso es qué, hasta la fecha de hoy, he padecido un proceso atípico de la enfermedad: mucosidad extrema los tres primeros días; catarro perruno sin fiebre en ningún momento y un dolor desconocido del conducto traqueal que me ha obligado a visitar al médico. Además, he decidido cancelar un viaje a Málaga previsto para mañana. Todo sea por la salud que ataca cuando menos lo esperas.
Escribo ésta crónica negativa, tumbado en mi sofá viendo el mar verde-azulado qué, por suerte, anima mi estado adormilado a la espera de poder disfrutarlo cuanto antes. Todo puede esperar.

jueves, 2 de septiembre de 2010

SEPTIEMBRE


Es mi tercer día en Peñíscola y he podido disfrutar, pobrecillos, de la salida escalonada de los miles de turistas que han pasado por aquí en agosto. El mar, ese mar que en la bahía de Peñiscola con Benicarló me ha cautivado, está alborotado, suena con intensidad, con excitación mediterránea, la justa. Punt 2, la segunda televisión institucional de Camps y cia. tiene a bien retransmitir uno de los conciertos del Festival de Benicassim del pasado mes de julio. Compruebo, por la luz del atardecer, que es el primero del día en el Escenario Verde y, también, que ha disminuido considerablemente el número de fibers. No conozco al grupo que actúa pero me gusta, es un pop clásico muy interesante. Acaba el programa y no me entero del nombre. Lástima. Buscaré en el horario de la edición 2010 para saber de quien se trata.
Pasó el tiempo de las cerezas, ese periodo breve de destape y de largos días, de calor y luminosidad. Ahora llega un lapso de tiempo, también veraniego pero sin masificaciones, de noches más madrugadoras, de pausas encadenadas. Parece que las horas se alargan, que el tiempo pasa más despacio y se disfruta más de lo cotidiano todavía con poca ropa. Es como si languideciese el verano que todavía persevera. Al fin y al cabo, vacaciones para mí.
Por suerte, la gota fría acaba de pasar en la mañana de mi quinto día. Ha sido impresionante. He visto varias tormentas de lluvia en Levante y son intensas, sorpenden siempre, parece que el cielo se va a caer. Suenan fuertes truenos, todo oscurece y comienza a diluviar con la mayor intensidad que se pueda imaginar. He oído en las noticias que durante la hora y media, aproximada, que ha durado la tempestad, han caído más de cuarenta litros por metro cuadrado. Por la tarde ha salido el sol, algo vergonzoso y débil, y he aprovechado para bañarme. El mar ya se ha tranquilizado, anunciaba la tormenta días atrás. Ahora el Mediterraneo parece un lago, sin prácticamente oleaje. Con cierta seguridad, mañana tendré un día intensamente veraniego. Lo aprovecharé.

miércoles, 25 de agosto de 2010

A LA MEMORIA DE JOSÉ ANTONIO GARCÍA ROMERO

Lo conocí un día de invierno. Había terminado de dirigir un entrenamiento del grupo de competición de mi equipo de bádminton y apareció por el polideportivo. Sabía de él por la prensa y por amigos comunes. Había formado parte del equipo de voleibol de la ciudad y le trasplantaron un riñón estando en Tenerife con su equipo. Él también me conocía a mí. Quería que le entrenara en el deporte del bádminton para competir en el nacional de trasplantados e intentar clasificarse para el europeo que se celebraría posteriormente en Budapest, creo. Entrenamos varios días y se proclamó campeón nacional, luego en el europeo fue eliminado en las primeras fases de la competición. Ese primer contacto nos hizo amigos para siempre.

Luego, con tesón, se convirtió en abogado, en mi abogado. Fui su primer cliente y ganó su primer juicio defendiéndome. Mientras tanto, presidía la asociación Alcer en Soria de la que llegaría a ser también presidente nacional. Lunes, miércoles y viernes, por las mañanas, en el hospital provincial recibía diálisis renal todas las semanas del año. Se trataba, como pueden apreciar, de un enfermo revolucionario, cuya enfermedad llevaba con la mayor discreción posible. Pocas veces le oí quejarse.

Su fuerza vital -tanta fuerza vital- era provocada por grandes apoyos humanos: Marian, su mujer, infatigable pareja; sus padres, tan queridos por él; su familia en general y sus amigos, de los que siempre se sentía orgulloso. Otro gran apoyo fue la religión. Era de esos cristianos ejemplares que se cuentan con los dedos de una mano. Ejemplar, como era para todo.
Toño nos dio, a todos los que le conocimos, lecciones magistrales de cómo afrontar la vida, tan sencilla, a simple vista, para nosotros y tan sumamente difícil para él.

Un buen día, del que me arrepentí durante mucho tiempo y del cual me siento orgulloso hoy, decidí, con un grupo de artistas, hacer un homenaje a Alcer Soria, que no dejaba de ser un homenaje personal hacía la persona de José Antonio. Realizamos una exposición a beneficio de Alcer. Alguien, con incuestionables problemas adaptativos y socialmente repulsiva, nos sacó locos a los qué, de manera altruista, queríamos demostrar nuestra generosidad hacía asociaciones humanitarias necesitadas. Hice trabajar más de lo debido a Toño por culpa de semejante "elementa". Muchos días me rogaba que no le atosigara tanto con mis demandas. Entonces hacía de mi capa un sayo, apretaba el puño y decía: esta loca señora no se saldrá con la suya. Sería largo de explicar pero nos hizo la vida imposible, lo que le faltaba a mi amigo enfermo. Con tenacidad, con mucha ayuda, con la amistad de grandes personas, sacamos adelante el tema, que por otro lado nos vino bien para conocernos y unirnos mucho más y también para conocer a grandes personas que colaboraron en el acto. Algunas veces le decía: mereces un monumento a la puerta de la Dehesa (el parque municipal de Soria) y el reía.

El día 11 Toño falleció, nos dejó para siempre. He pasado muy malas jornadas que han sido compartidas con mis seres queridos y con nuestra amiga común Julia, a la que tanto respetaba y que tanto hizo, y con seguridad hará, por su querida asociación. Julia tuvo siempre un reconocimiento especial hacía nuestro amigo y lo ha demostrado realizando un video del que Toño se sentiría orgulloso. En su nombre y en el mío, muchas gracias por todo, Julia. Toño ha descansado para siempre de veintiséis años de terrible enfermedad. Descanse en paz, lo tiene merecido… y también un monumento a la puerta de la dehesa. Pocas personas lo merecen más que tú, amigo Toñín.

lunes, 23 de agosto de 2010

BURDEOS, "PUERTO DE LA LUNA"

Puerto de la Luna es el nombre que popularmente se ha dado a Burdeos. En junio de 2007, tanto el puerto como la ciudad histórica (conjunto urbano y arquitectónico creado en la época de la Ilustración), fueron inscritos en la lista de Patrimonio de la Humanidad.

No sabía el porqué de “Puerto de la Luna”. Por la noche avistaba la luna pero se situaba muy a la derecha del puerto, por encima de la Iglesia de San Michel. No llegaba a entender el significado. Sin embargo, en alguna guía leí que el meandro creado en el largo estuario marítimo por el río Garona tenía la forma de un croissant. Y, claro, el croissant tiene forma de media luna. De ahí ese nombre tan poético qué, además, queda reflejado en el escudo de la ciudad.

Burdeos se urbanizó en torno al río Garona. La mayoría de sus edificios fueron construidos entre los años 1500 y 1800. Lo primero que hice nada más cruzar el Pont de Pierre, fue caminar por la margen de la Place de la Bourse hacía el barrio de Chartrons. La gente, habitantes y turistas, disfrutan del paseo junto al río. Hay bellos jardines, muchos ciclistas, patinadores y, los domingos, sus muelles acogen el mercado de Colbert, donde bordeleses y turistas (multitud de españoles) saborean un plato de ostras de la vecina Arcachon, acompañado de un vino blanco bien fresquito. Me llamó poderosamente la atención un puesto con más de cien tipos diferentes de queso. Es una gozada dejarte llevar por el sendero del muelle. El sentido del tiempo pierde su significado y las horas pasan sin apenas darte cuenta.

A la altura de la Plaza de la Bolsa se reúne la muchedumbre a cualquier hora del día. Un estanque refleja los edificios situados enfrente, cambiando cada pocos minutos la atmósfera. Primero es un espejo, más tarde una nube de niebla espesa, luego chorros de agua saliendo del suelo… todo es espectácular. Se trata del Miroir d´Eau. Los niños disfrutan del estanque como si se tratara del mejor parque temático. Mientras tanto, los adultos, casi todos con cámara fotográfica en mano, retratan los cambios que van registrándose en esa humedad programada, teniendo como modelo a todos los personajes que allí confluyen. Hay para todos los gustos. Como pueden suponer los que me conocen un poquito, pasé allí alguna que otra hora de la mañana, la tarde y la noche. Es una mezcla de sensaciones que tiene que ver con la realidad pero de una manera más creativa, más espontánea. Todo gira alrededor del espejo que tiene de real lo que nosotros contemplamos en un tiempo marcado por las secuencias programadas.

Frente al Miroir d´Eau, por detrás de la plaza que preside la fuente de las Tres Gracias, en pleno barrio antiguo, se crea un laberinto de calles angostas que desembocan (casi todas) en la iglesia gótica de Saint Pierre. Hay multitud de elegantes restaurantes que por la noche están atestados de clientes. Son locales con mucho encanto que recuerdan los barrios parisinos más bohemios. En las terrazas, con coquetas velitas y una respetuosa y tenue iluminación, los bronceados consumidores de pescado y marisco hablan en voz bajita mientras escuchan melodías que provienen de músicos callejeros de diferentes estilos. Burdeos se transforma durante la noche. Es más tranquila, más silenciosa, más homogénea.


Es el momento de disfrutar, desde el Puente de Piedra, estudiosamente iluminado, de las luces multicolores de sus modernas farolas y de la nocturnidad de los edificios más emblematicos de la ciudad que van recorriendo cada uno de los rincones del Puerto de la Luna.

domingo, 22 de agosto de 2010

LA GIRONDE (el desplazamiento)


Antes de iniciar el viaje había leído en Internet alguna cosilla sobre la zona a visitar. Por un lado, quería rememorar mi primer viaje a Francia que databa de treinta y tres años atrás (casi nada); y por otro, perderme por la ruta de los vinos de Burdeos. En la red di con una bitácora de unos chicos malagueños que habían recorrido La Gironde (provincia de Burdeos) en el dos mil cuatro. Aluciné cuando describían la mala cocina francesa. Hablaban también de los atascos en las carreteras y su conclusión sobre ello: cuando los franceses salían los domingos y festivos iban a parar a las carreteras de entrada a Burdeos. Al tratase de andaluces, muchas veces exagerados, no di mucha importancia a la noticia. Sin embargo, pocos kilómetros antes de cruzar la frontera con Francia y después a lo largo de los más de doscientos kilómetros que la separan de Burdeos, todo fueron “bouchons” (tapones, atascos). Recordé entonces a los amigos malagueños, algo que prácticamente se repitió durante los ocho días de mi estancia en La Gironde y en Aquitania. Con certeza, los atascos se habían inventado allí, como explicaban en su información. En lo referente a las comidas, conociendo como conozco casi todas las regiones francesas, he de decir que están muy equivocados, Francia es el país dónde mejor se come. Antiguamente, con la devaluación de la peseta en relación al franco, pasabas más hambre que un piojo en un peluche, pero ahora, gracias al interés de nuestros gobernantes en equiparar los precios (y sus correspondientes impuestos) con los vecinos -por desgracia no así los sueldos-, puedes comer muy bien por quince o veinte euros (sin bebidas). En Francia, el precio de los restaurantes sólo se ve incrementado con un cinco por ciento de impuesto. No así la bebida, sobre todo vino y cerveza, que tiene un impuesto aproximado del veinte por ciento.

En Burdeos mi hotel se encontraba en el margen izquierdo del río, en Floirac, a escasos dos mil metros del "Pont de Pierre". Tenía ganas de llegar. Estaba muy cansado de conducir. Debido a los insistentes atascos, el viaje se había alargado dos horas más de lo previsto. Además, nada más entrar en Navarra, una piedra lanzada por otro vehiculo, había impactado con brusquedad en la luna delantera de mi coche y con el paso de los kilómetros se iba agrietando hacía mi derecha. No soy supersticioso pero era viernes 13.
En Francia, normalmente me he alojado en cadenas hoteleras asequibles. Conozco casi todas. En la actualidad recomiendo la cadena B & B. Hay hoteles por toda la nación, suelen estar situados en las afueras de las ciudades por lo que el inconveniente es tener que desplazarte hasta el centro en tu vehiculo particular o en transporte público. Su precio, aunque es oscilante, suele ser de unos 50 euros por noche, en habitación doble.
El transporte público francés es muy bueno y económico. En Burdeos, a pesar de haber llegado con retraso por diversos problemas, funcionan los tranvías(similares a los de Lyon)utilizando una tecnología innovadora: en el centro de la ciudad el sistema de alimentación eléctrica APS se encuentra insertado en el suelo: es invisible y no altera las perspectivas arquitecturas. Une todos los barrios periféricos y el centro parando en las estaciones cada diez minutos. Soy de los que pìensa que ese medio de transporte es el ideal para un futuro inmediato en las ciudades grandes y medianas. En Francia se nota mucho más que en España la densidad de tráfico. Lo que están haciendo ahora para mejorar el estado de las carreteras es, en las entradas a las ciudades, instalar grandes aparcamientos (suelen ser gratuitos) con una “navette” (autobús-lanzadera) que te traslada al centro. Muchas veces es, también, gratuito ese transporte.

sábado, 21 de agosto de 2010

JARDIN D´HIVER



Je voudrais du soleil vert
Des dentelles et des théières
Des photos de bord de mer
Dans mon jardin d'hiver
Je voudrais de la lumière
Comme en Nouvelle Angleterre
Je veux changer d'atmosphère
Dans mon jardin d'hiver
Ta robe à fleur
Sous la pluie de novembre
Mes mains qui courent
Je n'en peux plus de l'attendre
Les années passent
Qu'il est loin l'âge tendre
Nul ne peut nous entendre
Je voudrais du Fred Astaire
Revoir un Latécoère
Je voudrais toujours te plaire
Dans mon jardin d'hiver
Je veux déjeuner par terre
Comme au long des golfes clairs
T'embrasser les yeux ouverts
Dans mon jardin d'hiver
Ta robe à fleur
Sous la pluie de novembre
Mes mains qui courent
Je n'en peux plus de l'attendre
Les années passent
Qu'il est loin l'âge tendre
Nul ne peut nous entendre.



QUE ME QUITEN LO BAILADO

  Son exactamente las doce del mediodía de un 14 de octubre. Hace exactamente 69 años y once horas nací en una clínica privada de la calle L...