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domingo, 6 de abril de 2025

PRIMAVERA OTRA VEZ


Toca decir adiós. Ha sido una maravilla estar casi un mes en Santander. A pesar del mal tiempo, justo ahora empieza a hacer bueno, he disfrutado mucho de la estancia. Regresar a Liébana ha sido el mejor regalo, había olvidado la generosidad de los lebaniegos, la belleza de la comarca, lo placentero de recorrer sus trayectos más angostos. 

Mañana me voy para tierras de Ocellum Duri -Los Ojos del Duero-, del que, por una especie de acrónimo (ce-m-uri), resultaría el nombre actual (Zamora) y contemplo un atardecer soleado donde destacan los brotes avanzados de los árboles y las hojas de las hortensias de un verde radiante. Me he despedido de la pareja de tordos que amenizan con sus trinos las mañanas y las tardes, también de las cinco yeguas preñadas, dos rubias y tres morenas del Monte de Corbán, de mi querida “Canela”, gatina mayorzuca, de lo que llamo "el Pub", es decir "Casa Miguel", donde comemos rabas y caracolillos. Siempre me da melancolía abandonar mi tierruca, pero hay que seguir camino, avanzar buscando lo mejor para sentirme bien y ahora toca estancia en Zamora, se acerca la Semana Santa y, también, se agradece un poco de animación después de este último invierno que hemos abandonado definitivamente La rigurosa austeridad de la Semana Santa zamorana crea un fuerte contraste que alcanza momentos de gran intensidad. Diecisiete son las cofradías que desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección, convierten las calles de la ciudad en un escenario de la pasión y un museo vivo. Merece la pena, pero siempre acaba un poco harto de lo multitudinario del acontecimiento. Sin embargo, apetece la visita.

Llega el buen tiempo y eso es la mejor noticia, hacer vida en la calle, disfrutar del calorcito, de la poca ropa, comer en la terraza, vivir de otra manera. El invierno se hace largo y hay que deleitarse del sol y la naturaleza. La tierra sigue girando y ahora apetece disfrutar de la temporada primaveral.

sábado, 22 de marzo de 2025

LIÉBANA. TERCERA ENTREGA (La pelea)


Descendíamos hacia donde estaba nuestro coche aparcado y a la altura del bar vimos una furgoneta blanca, con la ventana del conductor abierta, hablando con un paisano de unos 40 años. Al acercarnos percibimos que estaban discutiendo por el tono que iba tomando la conversación. El tipo del interior del coche le decía al otro que había recibido una carta suya amenazante. Tras varios intercambios de voces de protesta el conductor aceleró el coche (casi nos lleva por delante) mientras el otro golpeó con una patada el automóvil. Se produjo un frenazo instantáneo y el conductor salió del auto, tenía la cara muy colorada y unos 60 años, su comportamiento era muy agresivo y se dirigió con los puños en alto hacia la otra persona, este último esquivaba los golpes sin mostrar violencia. Desde el bar, que se encontraba a unos cinco metros más alto, salió otra persona para separarlos. El más violento también fue a agredirlo. El que intentaba separarlos también esquivó el golpe mientras le daba un pequeño empujón al del coche cayendo el agresor de frente sobre la parte anterior del cuerpo. Levantándose, supongo que ensangrentado ya que estaba asfaltado, profirió varios gritos de insulto, hablo algo del médico y acelerando desapareció de nuestra vista. 

Parece increíble que pasen estas cosas, sobre todo en un pueblo perdido en los Picos de Europa de tan solo 80 habitantes. El susto que supuso la pelea no lo pudimos olvidar hasta unas horas después, estábamos disfrutando de la paz y tranquilidad del paseo por la montaña, escuchando los pajaritos y contemplando la  belleza del lugar y, de pronto, se produce un suceso tan inaudito que rompe cualquier esquema. Triste manera la nuestra de pisar tierras lebaniegas.

Descendimos a poca velocidad la carretera que une Bejes con La Hermida, sin quitarnos de la mente el suceso recién vivido y decidimos (queríamos comer en Potes) quedarnos a comer en el Balneario de La Hermida para recuperarnos de la impresión recibida. Lo logramos degustando un calórico cocido montañés para rematarlo al llegar a nuestro hotel en Ojedo con un chupito de orujo de la zona.

El viaje tan solo acababa de empezar...

jueves, 25 de marzo de 2021

CHARLOTTE ALLEN



Foto: Charlotte Allen y un servidor en la bodega 

La bodega AlmaRoja (Red Soul), de Charlotte Allen, se encuentra situada en la localidad de Fermoselle, en el confín suroccidental de la comarca zamorana de Sayago, cercada por los ríos  Duero y  Tormes. En las otras orillas quedan Portugal y la provincia de Salamanca. La situación no puede ser más privilegiada, siendo además considerada la capital de los Arribes del Duero. La villa tiene, en la actualidad,  mil doscientos habitantes y desde hace unos años se ha convertido en la Villa del Vino, contando con un millar de bodegas subterráneas (en la visita al pueblo con Charlotte le comentaba que había una bodega por habitante) y trece de las diecisiete bodegas acogidas a la Denominación de Origen “Arribes del Duero”.

Pero si Fermoselle ya merece por sí sola una visita, en este caso lo hice para conocer uno de los vinos más emblemáticos de la zona y, cómo no, a la bodeguera inglesa Charlotte Allen. Su producto tiene personalidad y es de esos vinos genuinos y únicos que no deja indiferente a nadie. Se formó con los mejores enólogos de Francia, Italia, Sudáfrica, California... y, posteriormente, ejerció de enóloga en varias bodegas. En un viaje a Oporto, por recomendación de un amigo, visitó Fermoselle y calibró la posibilidad de comprar terreno para plantar sus viñas comparando precios con Burdeos, por ejemplo. Charlotte quedó prendada de este paraje perdido y su sueño empezó a hacerse realidad.

Luego llegaron sus vinos “Charlotte Allen”, “Mateo”, “Pirita”, “Cielos y besos” y conquistaron el paladar de los más expertos considerándolos vinos sublimes. 

FESTIVAL DE JAZZ DE SANTANDER. SHENEL JOHNS Y FRED NARDIN TRÍO

Otro lleno en Escenario Santander para ver   a Shenel Johns, una de las voces más destacadas del jazz actual, acompañada por el sofisticado...