Cuando escribí esta entrada estaba de vacaciones. Disfrutaba de un día de playa con unos amigos. Se llama Cala "La Foradada" y está al norte de Vinarós, casi en el límite de la Comunidad Valenciana con Catalunya. Cuando íbamos allí llevábamos cervezas, vermú y algo de picar. Disfrutábamos de la tranquilidad y nos bañábamos en aguas muy limpias y cristalinas, al acabar la jornada íbamos a comer un arroz a un chiringuito, que por desgracia se cerró por jubilación. Han pasado casi trece años y he querido recordar ese momento, que es ciertamente cómico y divertido.
"Había recorrido quince o veinte kilómetros para disfrutar de una cala que cumplía algunos requisitos imprescindibles para disfrutar la mañana. El día era perfecto, sol en todo su esplendor, mar tranquilo, poco impacto humano, agua trasparente… con ese preludio coloqué mi silla, me desnudé hasta lo que permite la ley y saqué mi libro con el sol de frente, relax total. Unas voces en el agua hicieron que levantara la vista de mi libro. Parecía una voz maqueada, de dibujos animados, sorprendente… pero muy molesta, al menos en ese momento pretendidamente zen. Cuando eso ocurre maldices todo, imagino que entiendan lo que intento explicar, a todos nos ha pasado. Dos niños estaban bañándose frente a mi, más tarde supe que se llamaban Luis y Rafa. Ambos sujetaban sendas gafas de snorkel a modo de volante y viajaban por una supuesta autopista marítima. Tenían 7 y 8 años, supuse, y estaban sumergidos, nunca mejor dicho, en dos personajes imaginarios. Incomodaban mucho en esa situación pero pronto afloró en mí la sonrisa, eran cómicos cuando escuchabas su conversación. Durante más de una hora viajaron por lugares imaginarios para ellos pero existentes realmente. De repente viajaban a Burriana para comer, en un restaurante, un chuletón con wasabi, pez globo con arroz…
-¿Cómo se entra a Burriana, Rafa?
- No he estado nunca, Luis. Ya veo, por la segunda rotonda a la derecha.
- Mamá, ya estamos en Burriana, decía Luis con el “auricular” de sus gafas y tubo en una supuesta conversación telefónica .
- Vamos ahora con el camión a reparar los maseratis y los ferraris a Italia.
- Estamos en Marsella, saca otra botella de vodka.
- Vamos a Roma que se nos hace tarde.
-Ya nos hemos bebido entre Marsella y Roma tres botellas de vodka…
Yo me tronchaba de risa con sus comentarios y sus fantasías, sobre todo con las marcas de los coches y esa comida tan selecta. Me hicieron recordar cómo era yo a su edad. Mi infancia fue especialmente divertida gracias a mi hermano, siempre estábamos desplegando imaginación, sin embargo, no teníamos conocimiento de comidas especiales ni de coches de alta gama… pero sin teléfonos, sin juegos de ordenador, sin internet y sin tantas otras cosas que los niños tienen en la actualidad, nosotros éramos felices. Cuando estábamos encerrados en un piso una larga alfombra nos servía de estadio para nuestros jugadores de papel, carreteras pintadas con tiza eran las etapas de nuestros ciclistas recortados para insertar en las chapas, diálogos improvisados con marionetas; la familia Telerín; Epi y Blas; Pedro Picapiedra, Pablo Mármol y cónyuges. En la calle, nuestro juego favorito era dar patadas a un balón, subirnos a los árboles (recuerdo que a uno le llamábamos “el helicóptero”) o destrozar, sólo de vez en cuando, “los mijotes” (maizales) que eran grandes ejércitos de soldados en formación. Cuando dejé de escuchar a Rafa y Luis envuelto en mis pensamientos de infancia, comprobé que estaban al otro lado de la cala con su madre y juntos se metían en el mar para practicar buceo. Se alejaron bastante de la playa y disfrutaban esta vez de un paisaje real que formaba el fondo del mar. Rememoré también las playas de mi infancia tan diferentes a la que tenia a la vista en ese momento. Continúe leyendo pero no me concentré del todo, cada dos o tres minutos levantaba la vista para ver donde se encontraban Rafa, Luis y su madre. Al cabo de un rato les olvidé y sin embargo ahora, pasados unos días, he querido escribir sobre esos momentos que, de alguna manera, más tarde se vuelven mágicos y distantes".
9 de septiembre de 2013

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