martes, 17 de noviembre de 2020

IMPACTOS PUBLICITARIOS


 

Recibimos al día alrededor de tres mil impactos publicitarios, eso quiere decir que suponen más de un millón al año. Nos abordan en todos los aspectos de la vida, en la calle, en los transportes públicos, en radio, televisión, prensa, internet. El sentido de la vista está hostigado por anuncios publicitarios. Estamos inundados por la publicidad. Esto hace que sigamos las modas y seamos, muchas veces, clones con la personalidad anulada. Las agencias de publicidad cada día proliferan más para intentar que sus productos sean los más consumidos, los números uno. Hasta tal punto, según informa la BBC, que se ha puesto en marcha una idea de lo más curiosa: alquilar las piernas de las mujeres para insertar anuncios. Ya sabemos que los cuerpos de las mujeres han servido siempre como reclamo  publicitario. Es por ello, que los colectivos feministas, además de las personas en general con un poco de sentido común, desean que la manera de hacer publicidad femenina sea una forma en la que la mujer se vea representada en su complejidad y fuera de esas imágenes idealizadas que tanto daño le hacen. Esto se define como “femvertising”. Representar a la mujer como es realmente, sin ningún tipo de artificios ni idealizaciones. Al parecer, las campañas de “femvertising”, en las que hasta la fecha se han inyectado millones de euros, han ayudado a insertar mensajes positivos e ideales de igualdad en las mujeres. Volviendo al alquiler de las piernas para insertar anuncios, concretamente en los muslos, un lugar que admiran los hombres, las mujeres tienen que colgar en las redes sociales fotos suyas con adhesivos publicitarios al menos ocho horas. Eso proporciona a las modelos unos cien euros por sesión. 

He escrito todo esto en referencia al último libro que estoy leyendo. Se trata de “Un andar solitario entre la gente” de Antonio Muños Molina. En él,  el escritor elige a un narrador que sigue a un caminante anónimo por la ciudad, que va tomando notas, memorizando toda clase de estímulos audiovisuales (compro oro y plata, anuncios de prostitutas, relojes, automóviles...) y va husmeando en los titulares de los periódicos de las personas que se sitúan a su lado en el metro. En todos los capítulos va advirtiendo y señalando la publicidad asfixiante que va acompañándonos a lo largo de la vida. 

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