Cedric Klapisch relata una doble historia con más de cien años de diferencia. En el tiempo actual un grupo de familiares descendientes de un antepasado, que no se conocen de nada, acuden a una reunión para liquidar una propiedad rural que han heredado. En el pasado acompañamos a ese ancestro en un viaje por el Paris del siglo XIX. Tiene un cierto aire a “Midnight in Paris”, de Woody Allen.
La historia recrea una elaborada ambientación y una puesta en escena que te mantiene interesado, en todo momento, en la historia, con cuidados detalles que entrelazan relaciones y revelan secretos inesperados de forma sutilmente cotidiana y costumbrista.
“Los colores del tiempo” comienzan con unos minutos un tanto extraños, que una vez se resuelven dan paso a una historia de sentimientos humanos que parece nada fácil de interesar al espectador. Pero pasados esos momentos se van encadenando escenas y circunstancias que hacen que ir al cine sea en ocasiones una auténtica satisfacción, con una extraordinaria interpretación de Suzanne Lindon (encarna a la mujer del siglo XIX a la perfección), Abraham Wapler, Julia Platón y Vincent Macaigne, que convierten el viaje al pasado en una experiencia sensorial y respetuosa.
Sin embargo, hay una escena en la que los protagonistas (del presente) toman una extraña composición líquida, que hace que tengan alucinaciones o percepciones poco creíbles. Me desordenó lo que parecía lineal en la narración del director.
Puntuación 7/10

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