jueves, 12 de marzo de 2026

PARQUE NACIONAL DE DOÑANA


No recuerdo bien cuando visité el Parque Nacional de Doñana. Era joven y, todavía, dormía en tienda de campaña. Creo que íbamos de paso hacia el Algarve portugués, pero tuvimos que pernoctar tres noches en el camping Doñana para visitar el parque. El día reservado, por fin, nos desplazamos al centro de visitantes “El Acebuche” y en un autobús verde de ruedas gigantes 4x4 visitamos durante cuatro horas el interior del Parque Nacional, recorriendo ecosistemas de dunas, playas y marisma (entonces seca, era septiembre).

Días pasados volví a recorrer parte del Parque, está vez con la marisma del Rocío inundada, aportando una belleza singular al paraje. Vimos muchas aves, sobre todo cientos de  hermosos y rosados flamencos y en la aldea coincidimos con una peregrinación de hermandades de Huelva y Granada. Cuando estábamos contemplando la belleza del humedal y sus variadas especies de aves, los peregrinos comenzaron a lanzar cohetes al aire produciendo un estruendo ensordecedor. Debido al intenso ruido el noventa por ciento de las aves desaparecieron volando hacia otros terrenos más tranquilos. No dábamos crédito a lo que estábamos viviendo, en pleno Parque Nacional se estaba atacando con pirotecnia la tranquilidad de la avifauna. He leído que el uso de cohetes y pirotecnia durante la romería de El Rocío en el Espacio Natural de Doñana provoca pánico, desorientación y estrés severo en la avifauna del parque. Esta perturbación sonora constante, sumada a la sequía y el cambio climático, amenaza a la biodiversidad del parque, donde el número de aves anidando ha descendido drásticamente. 


También visitamos el Centro de Visitantes El Acebuche. Aquí se encuentra ubicada la infraestructura que la Cooperativa Marismas del Rocío (Doñana Visitas) pone a disposición de este servicio público, con una zona de gestión de reservas y la utilización de su zona de aparcamiento como punto de encuentro para la salida del recorrido. Hicimos toda la ruta por esa parte del Parque de Doñana, en la que hay variedad de animales (una zona  de avistamiento de linces). El sendero de las “lagunas del acebuche” se une con el de “lagunas del huerto” y de “las pajas”, con varios puestos de observación que se visitan por senderos de madera. Por desgracia, solamente vimos aves y las lagunas estaban prácticamente secas.


En Matalascañas recorrí el "Sendero Dunar", tiene una longitud de 1,5 Kilómetros, aproximadamente, y permite apreciar varios subsistemas, desde las zonas de dunas embrionarias en el borde de la playa, hasta el primer corral en el que aparecen árboles de gran porte. Las dunas embrionarias empiezan a formarse en la playa cuando los vientos arrastran la arena y la acumulación alrededor de cualquier pequeño obstáculo del relieve. Estos montículos irán creciendo con la arena aportada por el viento y comenzarán su avance para unirse a otras y formar inmensas dunas, centenares metros hacia el interior. El primer corral está constituido por pequeños corrales próximos a la playa, los cuales están cubiertos por varias especies de hierbas y arbustos, ya que la movilidad de la arena y la intensidad del viento no permite el crecimiento de plantas mayor porte. 


En mi regreso a Doñana, después de más de treinta años, he podido comprobar que la zona está bastante descuidada, las carreteras tienen el asfalto en pésimas condiciones, llenas de baches, y hay bastante suciedad durante el recorrido dunar, sobre todo en la zona de las pasarelas. En definitiva, hay que preservar la zona y alejar a los animales de las multitudes, que durante varias jornadas invaden el Parque Nacional. He de decir, para finalizar, que no le auguro buen futuro.

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