sábado, 5 de diciembre de 2020

GALDÓS, DELIBES Y EL FRÍO SORIANO





Mi amiga Montse, con todo el cariño, me manda un artículo de un amigo suyo para que le de mi parecer. Habla sobre Galdós y Delibes aprovechando sendas efemérides en dichos escritores. En este calamitoso 2020, Galdós cumple un siglo de su fallecimiento, concretamente el 4 de enero, y Delibes dijo adiós un 17 de octubre de hace 100 años. A mi parecer un poco largo y poco apetecible en ese momento pero lo leo y le doy mi parecer.

Cuando entró el whatsApp estaba ensimismado con la lectura de un libro que me tiene bastante enganchado y, obviamente, el artículo (que leeré con más atención en otro momento) no tenía nada que ver con la lectura que había abandonado,  para leerlo cuanto antes, y darle a mi amiga mi opinión al respecto que, desgraciadamente, no fue muy objetiva.

El día era gélido, había previsto salir a caminar durante la mañana pero, a la vista del panorama que vislumbraba por la ventana de mi salón, un ambiente gris y plomizo, oscuro y nublado, además de la información que solicité a “Alexa” sobre la temperatura exterior y que de manera espontánea y  desenvuelta  respondió: -”En este momento hace -1 grado celsius. Hoy se esperan máximas de 2 grados”, desistí de salir y me quedé esperando a que la calefacción levantara los poco menos de 18 grados en el interior,  debido a la ventilación  de dos horas que había oxigenado -y enfriado- el piso. Y, no sé por qué razón, repentinamente, me vinieron a la cabeza aquellos olores que percibí nada más llegar a Soria. Era principios de noviembre y hacía tanto frío o más que ahora, y aunque venía desde Santander había pasado los últimos años en Valladolid y conocía el intenso frío de la meseta, noté que era distinto, si te abrigabas no lo sentías tanto. Pero el olor era diferente a otras ciudades que conocía, era una fragancia a árboles y resinas que lo envolvía todo. Con el tiempo supe que se trataba del humo que salía de las calefacciones que quemaban madera. Ese aroma, con los años, debido a las nuevas calefacciones por biomasa, calderas eléctricas... se ha ido perdiendo, pero, hay veces que me llega aquel olor de mis primeros días y me produce la felicidad de regresar a aquellos años de finales de los setenta en los que comenzaba mi vida laboral y de madurez.

1 comentario:

Marino Baler dijo...

Si la actual me enamora, lo que me hubiera encantado haber podido conocer a aquella Soria.

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