domingo, 3 de enero de 2021

ZAMORA, UN BUEN LUGAR PARA VIVIR


El confinamiento, que tanto limitó nuestros movimientos, puede que sea el culpable de que cada vez más ciudadanos busquemos la libertad de pasear por donde nos plazca sin ninguna cortapisa.  Hoy, a pesar del intenso frío que azotaba Zamora a primeras horas de la mañana, la zona que bordea el río estaba muy transitada. Cuando me dirigía al Duero, a la altura de la calle Santa Clara, un ruido uniforme e insistente hizo que dirigiera mi mirada a un indigente que se encaminaba a la Plaza de la Marina. Portaba, o más bien empujaba, una silla de escritorio. Estoy seguro de que salía de algún portal que le habría servido, durante esa noche tan gélida, para extender su cartón (que también acarreaba) y resguardarse del transgresor invierno. Cuando contemplé la trágica estampa se me pasó la sensación de frío que pocos segundos antes era mi pesadilla.  Durante el trayecto pude entretenerme con multitud de murales y grafitis en las calles, realmente es un arte en evolución en la ciudad y, considero, hay que salvaguardarlo y apoyarlo, no cabe duda de que aporta frescura e inspiración. Sin embargo, también hay que decir que el mobiliario urbano está atiborrado de pintadas que nada aportan. Muchas paredes de edificios y puertas de garajes o comercios amanecen con pintadas  de mal gusto que afean el entorno ¿arte o vandalismo? Supongo que la corporación municipal estará en ello. Tal vez se pueda solapar lo uno con lo otro e intentar que el mal gusto sea reemplazado con ese arte de calidad que, por suerte, se va multiplicando en Zamora.

Desde el Puente de Hierro hacia IFEZA, la Institución Ferial de la Provincia, hay unos caminos (y un carril bici) respetuosos con el medio ambiente y que transcurren por un canal natural, paralelo al cauce principal del Duero, con varias baterías de plataformas que sirven para el atraque de piraguas y otras embarcaciones, desconocía dicho cauce ya que siempre paso por allí en coche. En una isla del río, apta para los perros, vi varios nidos de cigüeñas más bajos de lo normal y, tal vez, adaptados por altura a los depredadores. También pude comprobar, que al igual que otras zonas del río, había varias parejas de cormoranes. Todo un lujo el paseo, desde luego.

Zamora, a pesar de que la población va disminuyendo y  va envejeciendo, al igual que en otras zonas de Castilla, es un lugar agradable para vivir, bien comunicado por autovía con las ciudades limítrofes de León, Salamanca y Valladolid, y, también,  a la vecina Portugal. Recuerdo que la segunda vez que actuó el cantautor canadiense Barzin en Zamora, me comentó que no le importaría vivir en la ciudad del Duero. Obviamente, compartí con él su razonamiento.

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