jueves, 26 de marzo de 2020

DIARIO DEL CORONAVIRUS. 7





"Cuando lloramos a nuestros seres queridos nos estamos llorando también a nosotros mismos, para bien o para mal. A quienes éramos. A quienes ya no somos. Y a quienes no seremos definitivamente un día”. Joan Didion, "El año del pensamiento mágico".



Estoy muy triste, hoy ha fallecido un usuario de mi Centro de trabajo y recuerdo, y comparto, lo que publica mi amigo Marius Krmpotic en Facebook acerca de los fallecidos.  “Lo peor de la pandemia es ver como los ancianos fallecen sin poder despedirse de sus seres queridos. Comprendo que haya prioridad en equipos sanitarios de emergencia, pero también es prioritario disponer de tabletas tipo iPads para que al menos puedan decir sus últimas palabras a alguien y no simplemente desaparecer como si nunca hubiesen existido”. 

El encierro al que estamos sometidos es inédito. No sabemos cuánto va a durar y esa situación será la que marque nuestra tolerancia, nunca hemos vivido algo similar y es, y será, dicha circunstancia, digna de estudio. Hay que pensar que cada vivienda es un mundo y es seguro que la convivencia puede producir situaciones difíciles por la reclusión absoluta de los niños, el hacinamiento, las malas relaciones, recursos insuficientes… Durante estos días me he dado cuenta de una cosa, curiosamente los vecinos que no respetan habitualmente las reglas comunitarias sobre el ruido, el silencio a partir de cierta hora, el volumen la música o televisión, etcétera, son los mismos que se saltan lo relativo a #quedateencasa e, incluso, reciben visitas diarias de familiares y amigos. Falta de educación y de humanidad. Y es que ha tenido que venir un virus para que nos demos cuenta de cuestiones importantes que teníamos olvidadas: la austeridad, la cooperación, otro estilo de vida más relajado, la reducción del consumo y de la contaminación, la sanidad universal, la humanidad… la enfermedad nos iguala a todos. Hay que suponer que cuando salgamos de esto la sociedad cambie a mejor.

Viene a colación de todo esto lo que escribe hoy en Público la periodista Cristina Fallarás: “Es estupendo cantar todas a una; es estupendo (y en casa nos sumamos cada día) salir a aplaudir a las ventanas; es estupendo, qué duda cabe, el elogio de la solidaridad. Pero me pregunto si todos esos bonitos gestos no están tejiendo una cortina espesa detrás de la que agoniza esta imprevista posibilidad de pararnos, de pararnos y mirar de frente a lo que somos, lo que hacemos y aquello en lo que cotidianamente, en esa otra vida en teoría sin confinamientos, participamos. Porque el injusto y brutal sistema en el que, esta vez sí, resistimos, nos ganamos la vida, no existiría sin nuestra participación”.

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