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A BIGGER BAND


A última hora cambié de planes para la noche de San Juan. Tenía previsto celebrar con unos conocidos catalanes el ritual de bañarme en el mar, el veintitrés a las doce la noche. Precisamente les conocí esa misma noche de hace dos años cuando me zambullía en aguas mediterráneas. En mis años mozos, en la playa cántabra de San Juan de la Canal, celebré el ritual sanjuanero, a mi manera, y esa noche quería repetirlo en aguas más cálidas. Cuando salí de bañarme, Jordi me explicó cómo había que realizarlo de manera adecuada. Mi única intención era bañarme pero al parecer en Cataluña el ritual hay que efectuarlo en condiciones. No recuerdo muy bien como era, había que hacerlo a las doce en punto de la noche, dar unas vueltas, mojarse tan solo las piernas… Dentro de pocas fechas estaré de nuevo con ellos y publicaré como es la cosa, merece la pena.

El cambio de planes se produjo debido a que sus Majestades Satánicas, the Rolling Stones, actuaban en San Sebastián esa misma noche. Desde pequeño he escuchado a los Stones, me han acompañado siempre en el viaje de mi vida, por tanto no podía desperdiciar la ocasión de poder verlos en directo. Me compró, varios días atrás, la entrada, mi amigo Miguel. El problema era que yo tenía que cambiar algunos planes y además no podíamos viajar juntos, Miguel quería aprovechar el día madrugando, yo salí a las tres de la tarde y nos encontramos en pleno Boulevard donostiarra, concretamente en el bar El Reloj. Desde allí llamé a cuatro amigos que se habían desplazado desde Miranda de Ebro y todos juntos nos tomamos unas cervezas. Más tarde quedé cerca del Estadio Anoeta, lugar del concierto, con otros dos amigos de Abejar, tomamos otra cerveza y nos adentramos a la zona de pista del campo del recién descendido Real Sociedad. Desde dentro llamé a los amigos de Miranda por teléfono, estaban en las gradas, y quedamos para vernos al finalizar el concierto.

He estado en muchos espectáculos pero nunca había experimentado lo que viví minutos antes de salir al grandioso escenario Mick Jagger, Keith Richards, Ron Word y Charlie Watts. Sentía una emoción inimaginable que continuó acompañándome en todos y cada uno de los temas que interpretaban. Con mi voz, y la de miles de espectadores, canté “Star me up”, luego “Let´s spend the night together”. Tras este tema Mick saludó a los asistentes en euskera, castellano y francés. Uno de los momentos más especiales se produjo cuando los Stones homenajearon a James Brown con la interpretación de “I go crazy”, con la potentísima voz de Lisa Fisher.
En un escenario móvil, los cuatro indómitos músicos, sin la compañía del resto de la banda, se desplazaron hasta el centro de Anoeta. Alli interpretaron el himno de los himnos “Satisfaction”, “It´s only Rock and Roll”…
La parte final del recital acogió los clásicos “Simpathy for the devil”, “Paint it black” , “Brown sugar” y “Jumping jack flash”.

No hubo sorpresas y “A bigger band tour” no decepcionó a nadie. Todo un acontecimiento que tal vez no tenga oportunidad de volver a ver. Fuegos artificiales, en la noche de San Juan, cerraron el acontecimiento.

Me despedí de Miguel y de los amigos mirandeses y junto a los dos amigos abejarucos regresé a Soria. El viaje de vuelta transcurrió con tranquilidad, a pesar de que la policía me paró en un control de alcoholemia. No había bebido y pude continuar. Cuando al día siguiente llamé a los mirandeses me dijeron que también les habían parado y a Fermín, el conductor, le habían retirado cinco puntos del carnet y le habían echado una multa de quinientos euros, dio positivo (y mira que le advertí al despedirme que no se pusiera al volante).

Pasados varios días desde el concierto sigo escuchando siempre que puedo a los Stones, no quiero olvidar el espléndido concierto que nos ofrecieron en Donostia. La paliza de viaje mereció, con creces, la pena. El baño sanjuanero tendrá que esperar un año justo.

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