lunes, 9 de febrero de 2026

VER NEVAR TRAS LA VENTANA DE LOS SUEÑOS (2)



Este invierno está siendo especialmente duro, se van sucediendo borrascas y danas con nombres propios. Ahora esperamos a "Marta", una borrasca que transporta aire húmedo y relativamente cálido para la época del año, que está dejando muchas precipitaciones en toda la península. 
Días atrás nevó intensamente en Zamora, nunca había coincidido con una nevada así. Recordé, cómo no, a mi querida Soria y los cientos de nevadas vividas y recordé el texto que viene a continuación y que escribí en el salón de mi piso de Eduardo Saavedra en la capital soriana en noviembre del 2008 , nada menos que hace diecisiete años y medio, recién cumplidos 51 años.

"No es más quién más alto llega

sino aquel que,
influenciado por la belleza que le envuelve,
más intensamente siente"

Maurice Herzog

"Ver nevar -tras la ventana- me produce una sensación sedante. Mi mente empieza a volar libremente trasladándome a escenarios placenteros. Esos pensamientos siempre concurren en dos contextos repetidos tenazmente. Si me encuentro en mi trabajo desearía estar en casa asomado a la ventana del salón, que es, sencillamente, la que más vistas tiene al exterior. En ese momento, justo como ocurre ahora, desearía comprobar que los kilómetros de llanura castellana, con montañas al fondo, van cubriéndose de un hermoso manto blanco. Mientras tanto disfruto de una música relajada, clásica a poder ser, de una temperatura cálida en mi apartamento y de unas vistas que cambiarán por un momento su cotidianidad. Si no estoy en el trabajo y me encuentro en mi domicilio -bajo los efectos descritos o similares- mis pensamientos se trasladan a los primeros años que viví en Soria. Por entonces, los inviernos eran más crudos. En la actualidad nieva rara vez y es poco habitual que la nieve cuaje sobre el terreno. Llegué a Soria a principios de noviembre (1978) y rápidamente me sorprendió el invierno. Cuando nevaba era fiesta para mí, disfrutaba como un niño. La falta de costumbre, claro. Vivía en la calle Virgen del Espino, al lado de la Iglesia del mismo nombre y muy cerca del Cementerio. Cuando el manto de nieve estaba consolidado calzaba mis botas, me abrigaba con la ropa más adecuada y caminaba, dejando plasmadas mis huellas sobre la nieve virgen, hasta el castillo. Desde allí admiraba las asombrosas vistas en todas las direcciones. Son momentos que me han quedado grabados para siempre.

Otra imagen fotográfica que permanece en mi retina se traslada a principios de los años ochenta. Recuerdo que era mi despedida antes de incorporarme al servicio militar. Estaría fuera año y medio. Paseaba en mi automóvil Dyane-6, junto a mi novia, por Valonsadero (un paraje natural muy extenso a las afueras de Soria). Sonaba música de Dire Straits e iba muy despacio. El paisaje estaba nevado y parábamos en todos los rincones que nos parecían apetecibles. Los humedales estaban helados produciendo efectos sorprendentemente bellos. Me embargaba la tristeza de separarme de mi ser querido y de asumir una misión que odiaba a más no poder. Era uno de los momentos más tristes de mi vida y todo permanecía blanco. Blanco por fuera y negro por dentro. La nieve, una vez más, era mi compañera en tiempos revueltos. Esa misma nieve que ahora cae perezosa, sin prisa por llegar al suelo, que envuelve mi tiempo real en otros momentos que pasaron pero que forman parte de unos sentimientos solidificados haciéndome afrontar la vida con alegría e ilusión.

Ya no nieva, mis pensamientos dejan de aflorar, ya no escribo y sigue siendo lunes. Un lunes diferente".

24  de noviembre de 2008

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